me sangran las manos
pálida y abatida
bebo olvido y ricina

Me reconozco nerviosa y confundida
Al ver como aproximas tus labios
Y arrullas mis mejillas
Me reconozco cuidadosa y paciente
Para tomar tu mano en el momento exacto
Y con la perspicacia suficiente
Me reconozco cándida y confiada
De las notas y letras que vamos juntando
Y de les vestigios vamos trazando
Y me reconozco incrédula y pasmada
De no saber ni cómo, ni cuando
Me vi queriéndote y extrañando

Eran las 11:30 pm. Y la frustración nuevamente era su acompañante en aquella noche, bastante representativa del invierno que acechaba. Otra vez caminar por las mismas calles para llegar al mismo paradero. Si hasta pensar en lo taciturno del panorama le era habitual. Todos los días eran la copia del anterior. Todas las sensaciones (las pocas que se permitía) eran una copia de las del día anterior. Y en un ataque vehemente por querer cambiar la historia, sin saber cómo, se vió tomando otro bus, sin siquiera ver a dónde lo llevaría. El coraje le duró sólo hasta que puso el pie en el primer escalón, y fue la cobardía quién lo acompañó durante el viaje. Pero daba igual, estaba sintiendo, aunque fuese temor al saber que aquel acto irracional sería el comienzo de una hilera de secuencias para cambiar la historia de una buena vez. Y sintió regocijo de sentir frío, de tener los pies congelados y por sobretodo, el corazón agitado.
Voy a escribir una magno razón. Grande, imponente, para que pueda verla aún cuando esté sin lentes. Una razón de colores vivos, y fluorescentes. Será impermeable, a prueba de lágrimas. Será de acero, a prueba de golpes. Una razón para utilizarla de bastón, cada vez que mis rodillas caigan al suelo y olvide como ponerme de pie. 
Parto de la sinceridad de saber que no sé que carajos terminaré escribiendo. Pero lo que me motivó, es esa sensación de enterarme de que tengo que hacer para mañana un trabajo totalmente absurdo y que a veces se me quitan las ganas de ir a la U y rendir pruebas y ver profesores con caras de pacos que no se parecen en lo más mínimo a la idea de profesor que quiero ser. Y pienso en Paulo Freire, en que quiero ser como él y ser la profesora más cool y andar con un corte de pelo más cool aún, tener siempre los labios rojos y las pestañas maquilladas. Y quiero fumar puchos y escribir ene, y aunque suene estúpido, quiero tener una libretita para escribir todas esas ideas que se cruzan durante el día y pienso que serían muy geniales si las alargo, pero se me olvidan y se pierden por ahí. Y quiero seguir aprendiendo mucho sobre de las cosas que me gustan y también de las que no tanto para enseñarles a mis hijos, alumnos, a quién sea, para que sientan el poder que entrega el saber. Y quiero aprender a tocar esa puta guitarra de una buena vez. Y quiero tener más ojos para alcanzar a leer todos los libros que quiero y ver todas las pelis antes de morirme. Y quiero tener manos más agiles para que no se me cansen nunca de tanto escribir. Y quiero ser la profe más seca y que nunca se me quiten estas ganas de fijarme y sacarle el rollo lingüistico a la gente y hacer mil investigaciones y unir el sentir-el hablar-el pensar y ojalá algún día publicar un libro y conocer todo el mundo, y todos los tipos de cafés y de té y de masitas dulces y estar rodeada de la gente que quiero y ser libre. Y pintar cuadros aunque me queden horribles. Y viva la capacidad de creación, de música, de letras, de pinturas, de ideas, de bailes, de besos, de palabras, de abrazos. Que viva la libertad de vivir esta vida acompañado de quienes nos atan sólo con lo lindo que nos hacen sentir. Y que vivan este Art Atack literario que me dió, y me importó una shit publicarlo porque me creo Henrry Miller, y haré una neo-generación beat. Pero como no estoy ni ahí con los gringos, mejor me encomendaré a Verlaine para que me deje ser parte de la generación de les Poètes maudits.

