
Mathilde, si no puedes llorar, habla. Y si no puedes hablar, calla. Pero, en fin, a veces empezamos a hablar, y nos ponemos a llorar. Y al llorar decimos lo que no hemos dicho al hablar. No sé si me entiendes. Si no, sigue así, con esa cara de boba.
Noquieromásguerrassóloquierosentarmeenlamesatomartétranquila 
¿Ha vertido alguna lágrima por las numerosas críticas que ha recibido por parte de sus enemigos?
–Muchísimas, cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?